viernes, 18 de enero de 2013


Encuentros, coloquios, desencuentros y vinos del Bierzo




Guía Peñín – Cata-Encuentro bloggers + enólogos del Bierzo (ASOCIACIÓN AUTÓCTONA DEL BIERZO). Madrid 18/12/12

El que poco sabe, de mucho se maravilla.
Proverbio Chino




El tango

En las milongas de Buenos Aires (los salones donde se baila el tango porteño, ése tan alejado del más conocido tango exhibición de la pierna al aire) existen dos tipos de bailarines: aquéllos para los que bailar tango es la excusa para abrazar a su pareja y compartir con ella el mágico momento de la danza como si no hubiera nada más en el mundo que ellos dos y el tango, y aquéllos para los que la pareja de baile es la excusa para bailar tango y lucirse ante los siempre numerosos espectadores que suelen abarrotar las salas.


Coloquios con bodegueros

Desde hace ya algunos años, la Bodega Santa Cecilia (ubicada desde hace décadas en el madrileño barrio de Chamberí) organiza de tanto en tanto unas actividades públicas en las que un bodeguero, enólogo o personalidad del mundo del vino con participación en alguna bodega acude para hablar de lo que hace, vive y sabe mientras se catan algunos de sus vinos. Recuerdo con especial cariño el encuentro con Álvaro Palacios y el momento en el que, tras pensar que cada vino de la cata ya no podía gustarme más, casi me hinco de hinojos al llegar al Finca Dofí. Fue una experiencia de las que dejan huella, en la que Álvaro, con su saber, experiencia y naturalidad, fascinó al público desde el primer momento. “Este vino tiene un lugar muy lejano dentro”, fue su descripción del Dofí, una evocación que no olvidaré jamás.

Santa Cecilia denomina a estas sesiones “Coloquios con bodegueros”, aunque en realidad no son, ni pretenden serlo, un coloquio, una conversación entre el orador y las decenas (muchas) de oyentes (aunque en algún caso pueda surgir un breve diálogo entre ambas partes), sino que se trata de encuentros, durante los que actores y público se unen para hablar, unos, y escuchar, los otros.


Encuentros con enólogos

Recientemente, Guía Peñín, con el asesoramiento de la empresa especializada en redes sociales y vino Yalocatoyo, dio una nueva vuelta de tuerca al tornillo de la intercomunicación facilitando que profesionales del sector se encontraran, en un acto privado, con blogueros especializados que posteriormente pudieran difundir las experiencias vividas a través de la Red (Vino y letras: sensaciones embotelladas).

Otro de estos encuentros fue con la compañía vitivinícola DO5 Hispanobodegas. Durante su desarrollo se produjo espontáneamente un interesante coloquio acerca de los vinos catados, gracias al interés mostrado por las enólogas presentes y al ambiente distendido de la velada (Vino de boca a boca).

El último de estos encuentros tuvo lugar con la Asociación Autóctona del Bierzo, una agrupación de diferentes bodegas ubicadas en esta D.O.


Cata-encuentro entre bloggers y enólogos del Bierzo

Me recibió Luna Castañeda, de Comunicación y Marketing, y su calidez me confirmó la sensación que ya tuve en ocasiones anteriores sobre las buenas maneras y profesionalidad de este departamento de Guía Peñín.



La sesión comenzó de modo inmejorable, pues con alborozo descubrí que entre los invitados se encontraban viejos amigos con los que ya he compartido muchos momentos en torno al vino, como Vicente Vida (Vinos para compartir), Josu López (Garnata vino y maridaje) o Eugenio Sáenz.

Luna nos acompañó al piso superior de la tienda, donde se halla la sala de catas que nos acogería durante el encuentro. Tomé asiento en primera fila (sana costumbre adquirida durante mis más tiernos años de estudiante) y enseguida me sorprendió la célebre presencia (no anunciada) de José Peñín, quien, a pesar de estar oficialmente jubilado, parece que no acaba de soltar los mandos de la nave y sigue dirigiendo presentaciones y otros eventos auspiciados por la guía.

Tras unas palabras de Mayte Santa Cecilia (propietaria de la bodega), Raúl Pérez y José Peñín, dio comienzo la cata de los trece vinos seleccionados.


Los vinos y sus creadores

Salvo error u omisión, éstos fueron los vinos catados:

*Cónsules de Roma 2011 (Pérez Caramés), Pablo García.
*Castro Valtuille Joven 2011 (Castroventosa), Raúl Pérez.
*Vega Montan Adriá 2010 (Bodegas Adriá), enólogo ausente Diego Losada, presentado por José Peñín.
*Art 2010 (Bodegas y Viñedos Luna Beberide), Mathieu Barrault.
*Tenoira Mencía Barrica 2009 (Tenoira Gayoso), Guillermo Tenoira.
*Solar de Sael 2007 (Arturo García Viñedos y Bodegas), enólogo ausente Ignacio Álvarez, presentado por José Peñín.
*Pittacum 2008 (Pittacum), enólogo ausente Alfredo Marqués, presentado por José Peñín.
*Pago del Valdoneje Viñas Viejas 2008 (Bodegas Valtuille), enólogo ausente Marcos García, presentado por Raúl Pérez.
*Viñademoya Leiros 2007 (Luzdivina Amigo), Miguel Ángel Amigo.
*Tebaida 2006 Magnum (Casar de Burbia), Isidro Fernández.
*Peique Selección Familiar 2006 (Bodegas Peique), Jorge Peique.
*Ribas del Cúa Privilegio 2006 (Ribas del Cúa), enóloga ausente Pilar Millán, presentado por José Peñín.
*Tilenus Pagos de Posada 2004 (Bodegas Estefanía), Raúl Pérez.


Con respecto a los enólogos, eran todos los que estaban pero no estaban todos los que eran, y en los casos de ausencia fueron José Peñín y Raúl Pérez quienes realizaron la cata de los vinos huérfanos.

De todos los vinos probados comentaré tres, por ser los que, por unas razones y otras basadas en mis propios gustos, preferencias y percepciones, me conmovieron de manera especial.


Art 2010 (Luna Beberide)

Negro, tan corto en nariz como oscuro a los ojos, largo en el trago de anisitos de la infancia, se extiende denso por la boca y espera a que las sensaciones surjan antes de desencadenar el momento de disfrute.








Viñademoya Leiros 2007 (Luzdivina Amigo)

Perfume a menta, suave, como un aliento fresco que sólo se deja sentir, alegre y juguetón en la boca, cremoso y lácteo, inspira una sonrisa como la que se esboza después de una grata comida, con el postre. 







 
Tebaida 2006 Magnum (Casar de Burbia)

Nariz tremenda, sorbo intenso y largo, suave y dulce, balsámico e inspirado; delicioso, sin tener que ir más lejos.











Coloquio con el enólogo

Entre las informaciones que la organización hizo llegar junto a la invitación constaba una breve y concisa declaración de intenciones:

“El encuentro será una “cata – coloquio” en la que podréis participar libremente con la aportación de vuestros comentarios, tuits, fotografías…”

Durante el encuentro apenas fue posible el diálogo, tanto por la densidad del temario a exponer como por la mayor disposición de los asistentes a escuchar que a opinar o preguntar durante la exposición. No obstante, las redes sociales estuvieron abiertas todo el tiempo, por lo que cualquiera de los blogueros pudo (y algunos así lo hicieron) difundir, comentar o expresar todo lo que consideraron oportuno, en tiempo real y sin ningún tipo de restricción.

De las conversaciones que se desarrollaron entre los ponentes quiero destacar un mini debate entre Miguel Ángel Amigo y José Peñín acerca del método de cata de Guía Peñín. Amigo puso sobre la mesa la variabilidad de los resultados dependiendo de las circunstancias en que se producen dichas catas, en particular en cuanto a la valoración de su vino Viñademoya Leiros, a lo que Peñín argumentó que las bodegas, en muchas ocasiones, tienen prisa por sacar el producto al mercado y lo entregan para la cata antes de tiempo, cuando aún no está en plenas condiciones, por lo que si la cata se repite más adelante, los resultados posteriores pueden escorar a favor del vino.

Sin embargo, el momento estrella de la jornada surgió como surge siempre lo mejor de la vida, de manera fortuita, no buscada, inesperada, causal.

El encuentro había terminado, muchos enólogos y asistentes se habían marchado ya, y los que aún quedábamos nos habíamos organizado en dos grupos diferenciados en torno a la mesa del aperitivo que Santa Cecilia nos había preparado: uno de enólogos y otro de blogueros. Durante este rato de picoteo, además de beber (que ya no catar) los vinos de la sesión previa, tuvimos ocasión de probar una serie de vinos blancos aportados por las bodegas, mientras debatíamos entre nosotros sobre cómo se había desarrollado la charla y qué vinos de los presentados nos habían llegado al alma. Y ahí, acompañados de las deliciosas viandas, fue cuando espontáneamente, sin prepararlo, llegó el momento del coloquio. Yo estaba aún recordando el vino que más sensaciones me había inspirado, Tebaida (de Casar de Burbia), cuando vi que su responsable, Isidro Fernández, se alejaba del grupo de enólogos que charlaban entre ellos y se acercaba al lugar, en el otro extremo de la mesa, donde conversábamos nosotros. Así, de repente, enólogo y blogueros se encontraron y entablaron un coloquio interesante y productivo, casi sin querer, acerca del vino, la tierra, las letras y el amor, y ante todo sobre ese deseo de quien ama lo que hace, en apariencia tan simple, que es lograr que aquello que se da guste a quien lo recibe.


Epílogo

¿Bailamos?









Escuchando vinos









Et alors… ¿qué pasó?
Nada, fue más bien una cuestión de confusión de las premisas.
¿No se pudo hablar?
Se pudo. Hubo quien quiso hablar, y habló. También se pudo escuchar, y escuchó, también, quien quiso. Eso siempre es lo mejor de todo, especialmente cuando quien habla sabe bien de lo que está hablando y los que escuchan están deseando aprender.
Oui… C’est vrai. Escuchando se aprenden más cosas que hablando...
Cierto. De eso se trata precisamente.
Quiero ir un día contigo. A uno de esos coloquios, o encuentros, o como se llamen.
Pero Gab, si ya has estado conmigo de catas alguna vez…
Mais non, no digo ir a una presentación a la que va quien quiere, me refiero a éstas privadas a las que vas tú, a las que os invitan a unos pocos, porque os habéis ganado un respeto a través de vuestro respeto. Yo no sé nada de vino, pero me gustaría mucho ver cómo suceden estas cosas en las que el vino es el puente entre las personas que se tienen aprecio, como tú dices. Iría contigo pero yo me quedaría allí, en un rincón, calladita….
Gabrielle, te prometo que la próxima vez lo preguntaré, a mí también me gustaría mucho que vinieras conmigo y que vieras como nos juntamos un puñado de amigos para hablar de vinos...
Para escuchar de vinos.
Justo, eso, para escuchar de vinos.
Gabrielle se puso en pie, alzando la imponente altura de su esbelta y flexible figura, tan parecida a un junco, apenas envuelta en un vestidito corto y de tela tan ligera como la de un pañuelo. Se alejó un poco de mí, dándome la espalda y fluyendo en cada paso con suavidad; y entonces se dio la vuelta y, dibujando una expresión en su rostro que era del todo nueva para mí, me dijo:
Tú me has dicho que prefieres escuchar a hablar, n’est-ce pas?
Sí. Claro.
¿Y qué prefieres? ¿Mostrar, o mirar?
Sonreí, llené otra vez mi copa de vino y con ella en la mano, me acomodé en el sillón.
Ya te lo he dicho, Gabrielle: yo prefiero escuchar, siempre.
Pues abre los ojos, mon chéri, y escúchame bien.