jueves, 29 de noviembre de 2012


El chocolate se funde en la boca, pero no en las manos






El mayor dolor es el que se está sufriendo. El mayor placer, el que se está gozando. El mayor amor, el que se está entregando. La mayor locura, la que se está viviendo.
Anónimo




Por una cabeza, todas las locuras. Su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura.
Alfredo Le Pera, "Por una cabeza"




Emoción

A veces, sólo a veces, uno pierde el sentido cuando se encuentra frente a determinadas circunstancias anímicamente complejas. En ellas es normal olvidarse de la razón y dejarse arrastrar bien por los sentimientos, bien por las emociones, con las inevitables consecuencias que ello, a corto o largo plazo, puede acarrear.

Nada tienen que ver sentimientos y emociones. Los unos surgen en esa parte evolucionada del cerebro humano a la que usualmente llamamos corazón; las otras en la parte primitiva y animal que suele localizarse físicamente dos dedos por debajo del ombligo. A los unos se los puede manejar, estamos acostumbrados a ellos. Se llaman amor, tristeza, compasión, felicidad… Viejos amigos conocidos por todos. A las otras, por el contrario, no hay quien las controle, pues son parte del funcionamiento animal del ser humano al que ya no estamos habituados. Suelen ser negativas y, por fortuna, no tan conocidas para nosotros como los anteriores: miedo, agresividad, pena, celos, odio, envidia…

En esas circunstancias en las que nos dejamos llevar por los sentimientos o por las emociones nos encontramos gestionando problemas muy diferentes, en cuanto a nuestro propio comportamiento, una vez que hemos perdido las riendas del autocontrol. Si se trata de los primeros, uno es consciente de lo que está sintiendo, lo entiende, puede trasladarse a la razón y desde ahí, con mayor o menor esfuerzo, dominarlo una vez que haya hecho su función. Por ejemplo, el dolor llega, duele y se va. Eso es un sentimiento. Pero si se queda ahí, aferrado al alma, se convierte en sufrimiento, y eso es una emoción. No se puede controlar, ni negociar con ella, ni moverla a un lugar de la razón donde se la pueda someter. La emoción, al final, te subyuga, te anula, te destroza.

En general, si alguien es atrapado por las emociones se dice que está loco, y a lo que le ocurre, se le llama locura.


Locura

Locura para un hombre casi siempre lleva nombre de mujer.

Mujer que encuentras, que te encuentra, que llega, a la que llegas, se queda, la dejas, se va, te deja, se queda, se queda, se va.

Y esta locura a veces, muchas veces, se convierte en nubes negras, en angustia, en amargura, en daño, en insania que arrastra hasta un infierno de agonía. Pero a veces, sólo a veces, uno puede volverse loco sin perder el sentido de sus sentimientos, uno puede hacer una locura sin perder el sentido de su razón y alcanzar, casi sin querer, la cima donde esta locura se convierte en poema, en melodía, en una botella de vino.


Una botella de vino

Calle del Espíritu Santo, número 23, Madrid. 9 de octubre. 20h. Es ya tarde, casi noche, camino mirando al suelo, escuchando, haciendo por respirar a bocanadas hasta llegar a Bodegabierta, una tienda especializada en venta de vino ubicada en el madrileño barrio de Malasaña. Entro, camino hasta las escaleras del fondo sin detenerme a mirar las botellas que tapizan los estantes. Escaleras que desembocan en un sótano, casi una cueva encalada en el subsuelo de Madrid, que en tiempos fue una panadería. Y, de repente, siento que allí se está bien. Pocas personas todavía, todos amigos. Luz blanca, limpia. Temperatura fresca, pero más cálida que en la calle. El vino, que te mira a la cara al entrar, también estará bien. Me recibe el responsable de Bodegabierta, José Román. “¿Y Nacho?” “Ahí está.” Alto y delgado, se afana cuidando sus botellas mientras nos espera. Nacho está cansado, quizá sea gripe, está como abatido, como si le pesaran los hombros. Una mirada, que se desvía de inmediato. Sus ojos brillan. Una sonrisa, dos sonrisas, tres y de pronto siento que ya está todo dicho. A veces, sólo a veces, ocurre eso. No necesitas más que una mirada, una sonrisa, un comprenderlo todo de repente.

Hay tiempo, faltan muchos asistentes, podemos hablar. “Ahora verás que el vino es denso y oscuro como el chocolate, se extiende por la boca, tapiza su interior con su consistencia. ¿Sabes que el chocolate se funde en la boca a la temperatura del cuerpo humano? Pero en las manos no, porque siempre están más frías que el resto del cuerpo.” Comer chocolate hace sentirse bien. Dulce, aromático, crujiente… Un trocito después de una comida, con el café, o simplemente solo, cuando apetece. “El chocolate es un buen sustituto del sexo, porque ambos liberan endorfinas, que nos proporcionan placer.” La mirada entumecida acaba perdida en el laberinto de los segundos que siguen, pero la sonrisa firme todo lo puede, hasta hacer que las personas callemos y que empiece a hablar el vino.
 
Pyjama 2011 y Demencia 2008, y de regalo, Demencia 2009 que aún no tiene etiqueta y para el que habrá que esperar, como se espera una llamada, unos meses más. Ambos vinos son el mismo vino, eso se percibe desde que miras su color oscuro y tumultuoso, desde que recibes la primera vaharada de perfume. Llevan los mismos genes, como hermanos de distinta edad. O como padre e hijo. No, mejor aún: como el mismo hombre en momentos diferentes de su vida. Briosos ambos, plenos de energía, lúbricos y con una capacidad inmensa de evolución, de crecimiento, de afinación, expresión y mejora a medida que transcurra el tiempo. Vinos para tener la voluntad de comprender su marcada personalidad, para ser pacientes, para esperar hasta que estén dispuestos a entregarlo todo. Y mientras espero, siento los sentidos colmados de sensaciones saturadas, la mente llena de voces saltarinas, y las palabras, cuerpo de cada una de las impresiones recibidas, pugnando por brotar para alcanzar imágenes consistentes que, una a una, puedan describir con nitidez los vinos.


Los vinos

Pyjama

Violenta violeta violencia al respirarlo, recuerdo interminable de pasión voluptuosa en la boca, intensidad de mil sueños vaporosos despertados de repente al abrir los ojos, y ya no cerrarlos, en cada sorbo inolvidable que sólo volverá, en la memoria, al terminar la botella mediada, quizá mañana, quizá después, de una sola vez, algún día. Y después, horas más tarde, la pasión violenta se convierte al fin, descargada, en un abrazo suave, más caricia que fuerza, tranquilo y apacible, te cierra los ojos respirando la respiración que respira a tu lado, perfumada con un nuevo dulzor que te estremece, intensamente, largamente, y te arrebujas en sus brazos, besas otra vez los labios de la copa que es su boca, y te abandonas al sueño que es dormir, hasta el amanecer, durante una noche que iba a ser de un beso y que, sin querer, se convierte en demencia.





Demencia

Indomable al encontrarlo, desconfiado, intenso sin control, salta sin mesura debatiéndose como una tormenta turbulenta que te arrastra, casi te hiere con su vivo olor a frutas negras y cosquillas de pimienta, acidez de fresa y frambuesa verdes, floreado, florido y especiado, te galopa en la boca, imparable, se acerca despacio y te acaba saltando encima, pero se deja sujetar, tiras del dogal con paciencia, y lo vas domando, se doma porque quiere, porque sabe que lo entiendes, y amaina, la tormenta se calma, el viento doloroso deja de bufar, te envuelve hecho brisa con dulzura, se abre, se expande rodeándote, creciendo en armonías, y te ofrece su denso dulzor amargo de chocolate sensual, revuelto de matices especiado y vainilla, tienes que esperar porque te lo exige, lo deseas y con tiempo, sin correr, se deja que lo hagas tuyo, estable y sabroso, lleno de energía y expresividad. Espera, espera, espera, sólo entonces sabrás todo lo que guarda para ti.



Las horas vuelan y yo no me doy cuenta de sus pasos largos y acelerados. Me voy de allí con las emociones tomando poco a poco el control de los actos y la razón, sentido y sentimiento, de modo natural, plegándose frente al poder incontenible de la locura.


Locura

Locura es una botella aferrada entre las manos, locura es la lluvia, la noche, el frío al llegar. Locura es cerrar los ojos y esperar unos minutos, intentando que la locura del temblar del corazón amaine, antes de llamar con un roce de nudillos. Locura es una puerta que se abre, una estancia que espera, un vacío que al cerrarse desvela la locura de una sonrisa argentada. Locura es el silencio de las palabras que no se dicen, locura es el sonido del silencio que se escucha, locura la sonrisa que no cesa, los ojos que sonríen, la respiración que resuena acompasada. Locura son dos copas vacías en una mano y una mano en la otra mano. Locura el sonoro aliento de la botella al descorchar, locura el tintineo del vino que golpea el cristal, locura el aroma desatado al izar las copas de la mesa, entre los dedos, un perfume intenso a chocolate y menta que con prisa acalorada transforma el aire de la habitación. Locura es dejar a tientas sobre la mesa las copas llenas del vino que aún no ha probado la boca, y dejar que se queden ahí por minutos olvidadas, esperando y observando con mirada verde felina. Locura es el abrazo apretado entre el vino y el calor del cuerpo abrazado, un abrazo que no quiere ser más locura, aún, para mejor saborear, como sorbo leve que no es trago y poco a poco, la locura que ya asoma. Locura es por fin el primer sorbo, un brutal impacto y la complicidad naciente en torno al vino al ver los ojos, que son espejos, muy abiertos al otro lado de las copas. Locura los segundos, los minutos, un susurro, el rozar de una tela roja amontonándose en el suelo, otra verde, otra negra, otra blanca, la respiración que falta, que no llega, una pausa que es un juego, una sombra en la pared que se bebe la copa entera, medio llena de locura, de un solo trago. Locura al tiempo la calma deliciosa, ya domada la fiereza del pujante impulso que recoge sensaciones transformadas en percepción, el cuerpo adormecido que hormiguea de placer, la piel aún caliente, la respiración pausada. Locura, al fin, que todo lo cura con el sueño que cierra los ojos para mejor oír cada susurro, cada cuento de la copa casi vacía que no se quiere terminar.

Una voz se acerca a mi oído, cierro los ojos y me concentro en el respiro tibio, aromatizado, hasta que el aliento empapado en vino me habla bajito:

-¿Qué te ha parecido?

 -Me ha gustado mucho.

-¿Qué has sentido?

-Placer.

-¿Quieres repetir?

-Claro.

-¿Y después?

-Mucho. Quiero mucho más.


Mucho más

Nacho y yo hablamos un día. Yo quería ver. Él quería mostrar.

-Dime, Nacho: ¿Locura?

-Muy difícil para mí. Lo intento... ¿Qué decir? Pues que tenía una vida normal, con mis pasiones y desvelos, con mis inquietudes y preocupaciones, con mis ilusiones y sueños. Y tanto soñé, que la gente pensaba que estaba dormido. ¿Dormido? No ¡soñando! Y lo malo de soñar, es que no estamos acostumbrados. Los sueños dan vértigo porque te alejan del suelo. No nos gusta ver al prójimo soñar. La gente me empezó a mirar de otra manera. Mi sueño, en la viña, en su vino, en compartirlo... pero ¿con quién? Buscaba y buscaba, disfrutaba compartiendo mi locura. Y compartí. Momentos, vivencias, contactos... pero una locura que cada vez era más estéril. Llegó un momento en que nadie quería beber conmigo... "Ese vino te pone loco." "No es hombre para ti." "No son buenas compañías." "Vas a acabar como él...”

>Unos hombres vestidos de blanco me quisieron llevar. "Miren ustedes, yo no estoy loco. Estuve loco ayer, pero fue por amor."


Fue por amor

Demencia. En la cápsula de la botella se hace constar:

unaoportunidadsatisfaccionalasvientosbrisatierrasaltascarmesinoimportacuandotedueletesienteslibrenosotrosnuestrocomunionatomounosolonadatodosilenciosonidoclitorisaleluyafinalclitorissorpresaesmejorquelarealidaddreamsnaufragarnavegarflotarbuscarloquetenemosquedestruir?seguirnecesitamosluzescaparsinnombreunangelunmentirosonocreeennadieunmentirosonocreeennadaenemigoescaparvertigoexplosionvertigolunaatraccionvertigocosasquenopuedesexplicarrendicionvictimacaerdormidodreamsinnadaenloqueapoyarseentregarevelacionfeloimposibleanonimocorrersindireccionenhebrarunaagujasonidotesorosecretocasasentirsinsentido=sentimientovssentidomovimientohumanosdespuesdetodolentoeldiacomienzaenelocaso.adondevanlascarreteras?correrandarvolargolpearcuandotetoconosientesnadaestatica.adondevanlascarreteras?preambulovastagoprimogenitoanonimoorigenesorigenanteriormasaltovertigotalentohipnosisincognitovorticecaidagravedadpesodeseoprofundoagujeropielcanibalcompromisoparanoiaespiralarenaretornomediavueltarecuerdomisterioluzcorrientetensionestimulocegueraultravioletainfrarrojoinvisiblenoseoscuridadnochecaminocabezavisionunaideavoladoramoribundaalgomuerevivirvidad8e6m4e2n7c3i5a1.





Demencia de Autor





Información de la bodega:

Pijama 2011 - Bodega Demencia de Autor S.L.
D.O. Bierzo - 100% Mencía. Crianza durante 5 meses en barricas de roble francés de segundo y tercer año complementado con una presencia de lías finas, y tres trasiegos con leve aireación. Se ensambla el vino con la adición de una breve proporción de vino criado de la añada 2010, en búsqueda de complejidad y afinamiento.

Demencia 2008 - Bodega Demencia de Autor S.L.
D.O. Bierzo - 100% Mencía. 16 meses de crianza en barricas de roble francés; los primeros 6 meses, el vino se mantuvo con una selección de lías finas realizándose frecuentes “battonages”.


Bodega abierta





4 comentarios:

  1. Después de leer tu artículo, hasta me dan ganas de beber vino.

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    1. Juanjo, no te cortes y déjate llevar...

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  2. Te felicito por tu blog.
    Un saludo.
    Oliver

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    1. Muchas gracias Oliver, me alegra que lo leas y te guste, y pueda ser para ti una de esas cosas que te haga sentir bien.

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