martes, 18 de diciembre de 2012


Vino de boca a boca







Guía Peñín - Presentación DO5 HISPANOBODEGAS. Madrid 29/11/12

El buen vino siempre pasa de boca a boca.
Anónimo




El mundo

El mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Antes, un consumidor iba a una bodega, compraba la botella que quería, que le sonaba o que le recomendaban y se iba tan feliz a su casa. O bien se compraba una guía (por ejemplo, la Guía Peñín lleva mucho tiempo en el mercado) y hacía caso de las sugerencias de quién la escribía, confiando en que sus gustos personales fueran parecidos a los del catador, o al menos confiando en que el catador pudiera valorar los vinos desde un punto de vista general, es decir, estrictamente técnico.

Hoy en día esto es así en mucha menor medida que antes. Ahora existe la Red (con mayúscula), existen las páginas web, los blogs, las redes sociales, y todo ello enmarañado en una tela de araña que al final compone una Opinión (con mayúscula) que salta de lugar en lugar y que llega en instantes a decenas, miles o millones de potenciales consumidores. Ni la mejor guía de papel soñó nunca con nada parecido.

¿Quién tiene ahora algo importante que decir en el mundo del vino?

Salvo excepciones conocidas, nadie en concreto, y todos. Quien ahora habla es el ser superior formado por todas las personas que tienen intereses en ello: productores, técnicos, distribuidores, vendedores, compradores, críticos… Todos interconectados como neuronas formando un pensamiento común, desarrollando opiniones comunes, tomando decisiones comunes que se transmiten como impulsos nerviosos, de axón a axón, en un boca a boca imparable que se extiende a través de toda la Red. Sin embargo, y aunque esto sea cierto, lo que hay al final del recorrido son personas individuales, algunas de las cuales, desde el pequeño huequecito que ocupan en la Red, contribuyen a mover ese inmenso bazar de compra-venta que forman todos los consumidores, mediante el simple hecho de experimentar, escribir y trasladar a los demás sus experiencias.

Y en este mundo en el que el consumo es la energía que lo mueve, hay quien ha sido consciente de ello.


Live tasting: encuentros con blogueros

Hace unos meses Guía Peñín me sorprendió con una propuesta que, para mí, era del todo novedosa, pues no me consta que nadie en este mundo del vino estuviera haciendo nada parecido: realizar una presentación de su propia empresa (Guía Peñín y sus empleados) dirigida específicamente a los blogueros.

Un bloguero (blogger) es una persona que escribe un blog, o bitácora, o especie de diario, a título personal, sobre un tema en particular de su gusto o predilección. En el caso que nos ocupa, el vino. Pero, en mi humilde opinión (aunque haya quien diga que mi opinión nunca es humilde) un bloguero, por mucho que sepa sobre el tema, sea experto o solamente entendido, es ante todo un aficionado. Es decir: alguien a quien nadie le paga (ni salario ni en especie) por analizar, opinar, escribir, divulgar; alguien, resumiendo, que no vive de ello, aunque pueda tener los conocimientos y experiencia para ello. Por otro lado están los profesionales. Estos obtienen una remuneración por su trabajo, se ganan la vida con ello y, aunque lleven blogs, no se les suele llamar blogueros, sino periodistas especializados.

Blogueros los hay a millones, cada uno hablando de lo que le viene en gana del modo en que le viene en gana. Cada uno lo hace como quiere y cuando quiere. Libertad total. Y cada lector, igualmente, selecciona y lee lo que quiere en función de sus propias y personalísimas preferencias, o de la más pura casualidad. Pero la importancia que un bloguero, considerado individualmente, puede tener en cualquier campo es nula. Su fuerza es la que le confieren los demás. Como hay muchos, esa importancia crece en función de las conexiones que haya entre ellos, y la Red facilita muchas conexiones.

Guía Peñín, la empresa, ha tenido una visión sobre esto, una imagen aún difusa que a través de estos encuentros está intentando concretar, experimentando con ello y viendo qué resultados se obtienen del experimento, sin saber muy bien lo que va a ocurrir. Para ello ha realizado su propia selección de blogs (entre la infinidad presente en la Red), buscando diferentes aproximaciones al común que es el vino, distintos estilos, tanto en fondo como en forma, buscando la individualidad y la personalidad de cada uno entre la maraña inabarcable que existe en la Red, buscando lo que siempre se busca en cualquier expresión de la creatividad humana: la originalidad, la identificación inequívoca entre obra y autor. Curiosamente, no han buscado autores de renombre en el mundo del vino, o con miles de seguidores, sino aquéllos que se puedan diferenciar incuestionablemente de otros, autores anónimos, amantes del vino, que ofrezcan pasión, estilo, respeto y buen gusto, y de quienes, en resumen, se pueda decir algo como “Este texto lo has escrito tú.”

Así, de tanto en tanto, a algunos de nosotros (que podrían haber sido otros, y seguramente serán otros en otras ocasiones) nos han propuesto asistir a presentaciones acompañadas de catas dirigidas de buenos vinos, con la idea de que después, si nos apetece, nos hagamos eco de ello en nuestros personales espacios. Y utilizo el verbo “apetecer” conscientemente, por encima de “querer” e incluso “desear”, porque en ningún caso escribir sobre el acto es un requisito para asistir a él. Cada cual escribe después lo que quiere, o no, según sus ganas y las sensaciones que haya experimentado durante su desarrollo. No hay un pago, no hay un canon obligatorio para ser invitado, tan sólo el deseo de pasar un buen rato en torno a algo que nos gusta a todos: las personas.

¿Has dicho personas? ¿Que a todos nos gustan las personas? ¿Pero no hablábamos de vino?


El vino

El vino como cosa cada vez me importa menos. Lo que realmente me importa son las personas en torno al vino. Las que lo hacen, las que lo venden, las que lo compran, las que lo beben, las que lo regalan, las que lo comparten. El vino es el camino que las acerca, el puente que se tiende entre sus respectivas sensibilidades, la excusa para que nos brillen los ojos y sonriamos cuando lo tomamos en compañía. Juntos, todo sabe mejor. Todo cambia de un momento a otro, de una situación a otra. Vuelvo al concepto de apetencia: el mejor maridaje siempre es el vino que te apetece, con la comida que te apetece, cuando te apetece, en el lugar donde te apetece y, sobre todo, con quien te apetece.

Sobre esto de compartir la experiencia del vino hay dos momentos que a mí me emocionan particularmente. Uno es cuando lo ofrezco a alguien querido; ver sus ojos, ver el trago, esperar su reacción que casi nunca lleva palabras consigo, la satisfacción propia y sobrada de haber acertado en la elección… Otro, cuando me lo ofrece quien lo ha hecho; disfrutar de su expectación, como quien muestra su hijo a un amigo, cuando te mira beberlo y espera, durante largos segundos, tu opinión. Porque al que ofrece vino, como a quien acaba de hacer el amor con el ser que ama, lo único que le importa es si al otro le ha gustado, si después del primer trago va a querer más.


DO5 Hispanobodegas

Si en el anterior encuentro con blogueros (Vino y Letras: Sensaciones embotelladas) la parte lúdica se basaba en ofrecer los vinos mejor puntuados por Guía Peñín, en éste el atractivo principal fue presentar los vinos de la mano de sus enólogos, maridando así la creación con su creador.

Con esta idea se presentó D.O.5 Hispanobodegas, compañía vitivinícola que produce vinos en cinco denominaciones de origen nacionales (D.O. Ribera del Duero, D.O. Ca. Rioja, D.O. Rueda, D.O. Rías Baixas y V.T. Castilla y León), si bien la cata se centró en tres de ellas (Rioja, Ribera y Rueda).


Acompañando al director de Guía Peñín (Carlos González) se encontraba Juan Antonio Ramírez, director comercial de Hispanobodegas, junto a Marta Girón (enóloga de Bodegas Garci Grande, D.O. Rueda), Emma Villajos (enóloga de Bodegas Valdelacierva, D.O. Ca. Rioja) y Fernando Loza (asesor de Bodegas Valdelacierva y encargado de presentar los vinos de Bodegas y Viñedos Gormaz, D.O. Ribera del Duero, por ausencia de su enóloga).

El lugar de la cita, un bar de vinos del centro de Madrid, Vinoteca Barbechera, muy cerca de la conocida plaza de Santa Ana, y propiedad también del grupo.



La cata

Me recibe Ana Colmena, responsable de comunicación y marketing de Guía Peñín y causante en último término de que yo estuviera allí. Alegre, menuda, pizpireta, muy sonriente, más que recibirme me acoge, me ofrece vino, agua y un espacio en ese micromundo que ya ha empezado a crearse y que, durante un rato, voy a compartir con los demás asistentes.

Poco a poco la sala se va llenando de invitados, alrededor de veinte, entre organizadores, blogueros y periodistas; yo observo y me dejo llevar por el rumor de sus conversaciones, pegado a una ventana que, hacia la calle, me permite ver magia de vino en los cristales.


Se hace el silencio, y la sesión se inaugura con unas palabras de bienvenida de Carlos González, seguido por una presentación de la empresa por parte de Juan Antonio Ramírez.

Y enseguida se pasa al vino.









Bodegas Garci Grande, D.O. Rueda

En primer lugar Marta Girón nos muestra el nuevo verdejo Señorío de Garcigrande 2012, verdejo aún sin etiquetar. Aromático, intenso, dulzón, pleno de uva fresca, casi un zumo de frutas apenas fermentado.

Seguidamente nos ofrecen el último en mercado, Señorío de Garcigrande 2011, mucho más asentado, lo que ya es y será este vino, más corto en nariz que su hermano pequeño, más equilibrado en cuanto a sus matices básicos.

“¿Cuál te gusta más?”, me pregunta Marta sorpresivamente (estoy situado justo a su lado). Entonces sonrío, y no puedo sino responder que no son comparables, que aun siendo el mismo vino no lo es, que son como dos hermanos con la misma base genética pero que, desde que nacen, ya se parecen poco o nada. Depende de cuándo, de cómo, de con qué, de con quién. Ambos frescos, suaves, deliciosos, muy agradables. ¿Por qué elegir? ¿Por qué descartar? Me quedo con los dos.


Bodegas Valdelacierva, D.O. Ca. Rioja


A continuación Emma Villajos nos habla de su Impar Vendimia Seleccionada Tinto Crianza 2010. Tempranillo. Cremoso en la nariz, lácteo, avainillado, fresco y amigo de los abrazos, porque envuelve.

Seguidamente cede el paso al hermano mayor, Impar Reserva Edición Limitada Tinto Reserva 2007. Tempranillo. Más tenue al olfato, más complejo y largo, recuerdos de café y chocolate, perdura insistentemente en la cabeza.

“¿Cuál os gusta más?”, pregunta en esta ocasión, al aire, Emma, y de nuevo la misma respuesta. Ambos. No obstante, en este caso y por mi peculiar querencia por la juventud (consideraciones económicas aparte) tengo que responder que me entiendo mejor con el crianza, que aún siendo menos complejo que el reserva, me parece más fresco, espontáneo y alegre.


Viñedos y Bodegas Gormaz, D.O. Ribera del Duero

Fernando Loza nos habla del Anier Vendimia Seleccionada Tinto Crianza 2009. Tinta fina. Breve en nariz, armónico, ataca fuerte y con ganas en la boca pero se fatiga pronto; sin embargo, esos segundos son intensos, muy sabrosos, muy llenos de frutas rojas y anís. Corpulento pero de trago fácil, perfecto para un picoteo largo, como el que nos ofrecen, riquísimo, tras la cata.














Conclusión

Guía Peñín ha otorgado buenas puntuaciones a los vinos que nos presentaron, pero los puntos que se dan a un vino, como los que se pueden dar en una herida, son a menudo fruto de un “accidente” causado por infinidad de posibles circunstancias: el estado de terminación del vino, la conservación que ha disfrutado o sufrido la botella, el orden en que ha sido catado en relación con otros vinos, las condiciones ambientales del lugar de la cata, el tiempo disponible, el estado físico y emocional del catador... Por eso, lo importante de los vinos es lo que a cada cual le hacen sentir. Y eso, también, es fruto de diversas circunstancias. En esta ocasión me atrevo a decir que fueron un adecuado acompañamiento, los armónicos de la nota principal que es el concepto de lo que se está tanteando, ese ceder la palabra a nuevas voces a las que, hasta ahora, no se les escuchaba con la suficiente atención.

“Espero que los que escribáis seáis totalmente subjetivos”, comentó Juan Antonio Ramírez  al cerrar el acto. Quizá fue un lapsus, quizá no, pero lo que a mí me parece es que la intención última de los organizadores de esta jornada festiva fue justo eso, obtener la opinión apasionada del aficionado, en lugar de la habitual opinión desapasionada del profesional, la opinión, en resumen, de quien a lo único que importa es cuánto le ha gustado el vino.




Vino de boca a boca









-Oui, me gusta. Sobre todo el enfoque que le has dado a la importancia que pueden tener muchas voces conectadas con respecto a la insignificancia de una sola voz aislada. Nadie es nada en internet, y también lo es todo si está conectado con otros muchos nadie –Gab me miraba con los papeles que yo le había dado sobre la mesa, una mano encima de la cuartilla superior, como protegiéndola. Entonces sonrió con su sonrisa blanca de dientes grandes, y añadió-: Pero sobre todo me ha gustado tu idea de que el mejor vino es aquél qui va de bouche à oreille, el que pasa de boca a boca.

-¿Sí? –pregunté intrigado-. ¿Y qué sabes tú de ello?

-¡Más de lo que crees! –exclamó esforzándose por pronunciar bien la erre de “crees”-. Verás, tengo un vino muy especial para ti, tanto que estoy segura de que nunca en toda tu vida has probado uno así.

-¿Un vino que conoces por el boca a boca? –contesté, preguntando a mi vez e hilando su propio hilo de pensamientos.

-Plus ou moins, mon chéri. Attendez!

Se levantó y desapareció deslizándose en dirección a la cocina. Al poco volvió con una botella en una mano, envuelta en papel de regalo totalmente opaco, y una copa en la otra.

-¡Vaya! –exclamé feliz-. ¡Una cata ciega!

Ella enarcó una fina ceja mientras volvía a sentarse a mi lado (siempre pegadita a mi lado en la mesa, nunca enfrente) y entonces, sin darme tiempo a disfrutar de lo que yo creía que sería un juego, arrancó de un tirón el papel, mostrándome en todo su esplendor la etiqueta del vino.

-Pas du tout! –exclamó-. Nada de cata ciega. Ya ves de qué vino se trata, es muy conocido, pero estoy segura de que nunca lo has bebido como te lo voy a dar a beber yo.

Esta vez fui yo quien enarcó la ceja. Ese vino lo conocía de sobra, tanto de nombre como por haberlo tomado en alguna ocasión. Recordaba que esa añada en particular me había impresionado mucho en una presentación a la que había asistido hacía un tiempo. De modo que Gabrielle, a pesar de toda su ilusión y a mi pesar, se equivocaba. El vino era francés, por supuesto, y por supuesto, yo no le dije nada.

Gab descorchó la botella, sin apenas hacer ruido y, sin esperar mucho, llenó un tercio de la copa con el vino, que saltó alegre tiñendo los cristales con un precioso tono dorado. Yo me preparé, esperando su permiso para catar el vino, sonriendo y pensando en lo que le iba a decir. Al mismo tiempo, lo reconozco, me sentía de fondo un poco mal, como cuando a un niño se le miente acerca de algo cuya verdad le podría hacer más daño que una mentira.

Pero nada sucedió como esperaba. En realidad, con Gabrielle nunca nada sucedía como yo esperaba.

Así, en lugar de indicarme con un gesto que podía empezar, estiró su mano alargada y, agarrando la copa por el tallo, se la llevo a los labios; inmediatamente, mirándome a los ojos, dio un único trago largo, depositando de nuevo la copa, vacía, sobre la mesa. Entonces, sin darme tiempo a nada, de repente, con un movimiento tan rápido como inesperado, puso su mano en mi nuca y, atrayéndome hacia sí, juntó sus labios con los míos, vertiendo el aún fresco contenido de su boca en la mía.

Casi me atraganto. Pero no, controlé el reflejo causado por la sorpresa y mantuve el líquido en mi boca, dejando que sus aromas se expandieran, que su sabor se extendiera por toda ella, saturando con su complejo gusto mi lengua, mi paladar, mi garganta en multitud de mínimos matices finos, penetrantes, dulces, salados, intensos y suaves, como ella, hasta que finalmente, cerrando los ojos, tragué el vino francés mezclado con la dulce esencia francesa de Gabrielle.

Al abrirlos de nuevo me encontré con su sonrisa espléndida, a punto de estallar en su risa musical.

-Et alors? –me preguntó-. ¿Verdad que nunca jamás en toda tu vida habías saboreado un vino así?

Y en efecto, tuve que darle la razón y conceder que el mejor vino del mundo, el que te enamora hasta los huesos, es el que pasa de boca a boca.






2 comentarios:

  1. Es una pena que la Guía Peñín se apropie de las ideas de uno y las haga suyas. Es lamentable que os digan que tienen una "selección propia de blogs" cuando no es cierto o, por lo menos, no del todo. No me extraña que tengan una imagen "difusa" de estas cosas. Pero lo que más triste me pone es que vosotros mismos penséis, conociendo el germen de estos eventos, que son innovadores.

    Me da tanta pena ir de buenas, y que te pasen por encima... En fin.

    "Guía Peñín, la empresa, ha tenido una visión sobre esto, una imagen aún difusa que a través de estos encuentros está intentando concretar, experimentando con ello y viendo qué resultados se obtienen del experimento, sin saber muy bien lo que va a ocurrir. Para ello ha realizado su propia selección de blogs (entre la infinidad presente en la Red), buscando diferentes aproximaciones al común que es el vino, distintos estilos, tanto en fondo como en forma, buscando la individualidad y la personalidad de cada uno entre la maraña inabarcable que existe en la Red, buscando lo que siempre se busca en cualquier expresión de la creatividad humana: la originalidad, la identificación inequívoca entre obra y autor. Curiosamente, no han buscado autores de renombre en el mundo del vino, o con miles de seguidores, sino aquéllos que se puedan diferenciar incuestionablemente de otros, autores anónimos, amantes del vino, que ofrezcan pasión, estilo, respeto y buen gusto, y de quienes, en resumen, se pueda decir algo como “Este texto lo has escrito tú.”"

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    1. Muchas gracias por tus comentarios, Álvaro, tomo buena nota de todo ello.

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